By Juanjo Pina

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Somos activistas, eso no está en cuestión. Nuestras acciones, aunque ya no se dirijan a cambiar el mundo generando un modelo definitivo e ideal de convivencia humana que hubiera de extenderse por todo el orbe, sí van ciertamente orientadas a mejorar la vida de las personas de nuestro entorno y nuestro entorno mismo. Más concretamente, a dotarles de mayor libertad, posibilidades de desarrollo individual y comunitario y una vida mejor, algo que sólo cada uno de ellos puede valorar.

¿Cómo conseguiríamos eso? Dejemos claro lo importante: la vía política en el marco de un estado nos resultaría ilegítima. Dejando ahora a un lado que algunos estemos convencidos de que lograrlo por la vía política fue, es y será, sencillamente imposible, más aún en la nuestro entorno actual, donde la vía democrática de acordar mínimos cuando el gobierno será inevitablemente de máximos, con la fanfarria de votos ansiolíticos, consiste en reunir el apoyo explícito de suficientes personas como para gobernar a todas las demás sin excepción. Incluso en unas perfectas elecciones democráticas en que todos participasen, el 51% no tendría derecho a gobernar al restante 49%, y menos a delegar en otros. Sencillamente, la dictadura de la mayoría no es una vía con la que pudiéramos reclamar la legitimidad en nuestras acciones y resultados, sean mejores o peores.

¿Qué nos queda entonces? ¿El exilio? Nací donde nací, vivo donde vivo, y nadie tiene derecho a forzarme a irme, porque el derecho a permanecer aquí es mío. Un ejército de ocupación puede expulsar a quien quiera (o pueda), pero no estará legitimado, aunque el 100% de la población lo apoye, para exiliar ni a una sola persona que no agreda con sus acciones al resto. ¿Está claro que me iré cuando lo estime?

Nos queda, por tanto, el lento, trabajoso, pero emocionante y … Leer artículo completo >>>

Fuente: Activismo de Mercado