By pablo

A través de un artículo en Diagonal, he encontrado un estudio de Cesar Rendueles en el que se descubre la apertura de vías de escalada como un bien común:

Antes se equipaba a mano y era un proceso lento y laborioso. Abrir una vía en La Pedriza picando a mano en el granito me llevaba dos fines de semana. Un escalador abría una vía, luego llegaba otro y abría otra… Así que un sector se abría entre mucha gente y a lo largo de mucho tiempo. Eso incrementaba la diversidad. Unos pensaban que las vías tenían que estar más protegidas, otro que menos, otros dejaban una fisura sin proteger para emplear friends… Los sectores eran muy heterogéneos. Ahora no. Con el taladro un tío descubre un risco y equipa el risco. Antes había escaladores que de vez en cuando equipaban. Ahora existe la figura del equipador. Descubre una zona y la hace como él cree que la tiene que hacer. Son sectores de autor”.

Ignacio Luján, equipador, según lo aparecido en Altruismo, reciprocidad y deporte de montaña. El equipamiento de escalada deportiva como provisión de un recurso de uso común de Cesar Rendueles (negritas mías)

Las vías de escalada son abiertas y mantenidas por individuos de la propia comunidad interesada y al margen de cualquier necesidad regulatioria más allá del propio compromiso. Obviamente, como “recurso escaso” no están exentas de conflictos entre los usuarios, pero su forma de funcionamiento muestra que son entendibles como bienes comunes gobernados bajo el prisma de los mecanismos de gestión comunitaria como planteaba Ostrom . Serían entonces otro ejemplo similar a añadir al software libre, donde los desarrolladores trabajan para la comunidad y mediando entre ellos un fuerte compromiso de aceptación mutua, sabiendo que generan un beneficio compartido.

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Fuente: Asincronía