By pablo

UKRAINE-UNREST-POLITICS-EU-RUSSIA

Estos días estoy viendo algo que no me esperaba. Manifestaciones, bloques negros y disturbios. Sí, pero ello mezclado con un discurso mediático en el que se plantea el europeísmo como la bandera movilizadora. Mientras tanto, en la periferia, la confianza en Europa como proyecto se minada por la -visión de- continua voluntad de predomiancia de los Estados fuertes de la Unión. ¡Hasta Erdogan se posiciona con los euroescépticos!

Sin embargo, “Ucrania pide” dar la cara a Europa. O al menos -algunos en- Kiev, un núcleo urbano que necesita de un marco de entendimiento adecuado a la mayor diversidad de una ciudad, conectada al exterior, con pequeñas identidades urbanas que necesitan entenderse y coexistir frente al conservadurismo y el clientelismo de las instituciones asentadas.

Europa como identidad parece un mero nexo, un pequeño marco común en el que desarrollar pequeñas identidades cívicas. Pero también una identidad sin comprisos, voluntad, proyecto o idea de futuro. ¿Demasiado grande? No, ideal para las masas, inmediatistas, con compromisos rápidos y de pronta caducidad, con poco esfuerzo o necesidad de involucrarse. Lo mismo por lo que triunfa la democracia. Lo mismo por lo que la democracia es un sistema cómodo, un sistema para asalariados. No es de extrañar entonces que el europeísmo nos fuese cercano a los que hubiesemos crecido hijos de un toyotismo que dotaba a los trabajadores de grandes -y no tan grandes- multinacionales de la posibilidad trasladarse con naturalidad más allá de las fronteras clásicas lingüisticas y estatales, nuevos ambientes más interesantes, pero vistos muchas veces cual turismo etnográfico. Se traslada el viejo aventurismo aperturista del estudiante que marcha a la capital, por el de los que se abren a múltiples destinos, cercanos pero distintos, europeos mayoritariamente.

No es de extrañar entonces pues la voluntad de algunos por crear un europeismo identitario … Leer artículo completo >>>

Fuente: Asincronía