By josetormenta

Hoy iba a escribir de la mierda que es el cáncer, de lo doloroso que es sentir que no sé lo que va a pasar con mi padre, de si hay esperanza, de si tanto sufrimiento merece la pena, de lo asquerosos que son los hospitales, de lo agotadora que es toda esta lucha, de lo horrible que es el no saber…pero todo eso ya lo sabéis, la mayoría habéis tenido algún caso cercano e incluso familiares directos…y además no se le pude patear la cabeza al puto cáncer, darle un tiro en la sien, aporrearlo hasta desangrarlo o meterle una granada en las entrañas que lo haga explotar y desaparecer y nos deje en paz de una puñetera vez, así que desecho el pensamiento…no me ayuda, no me hace sentirme mejor, necesito otra cosa…

Iba a leer, luego iba a escribir, pensé en dibujar, iba a….Pero me recuesto en el chaise longue y pongo la música, Mi Música…me aseguro de no poder escuchar nada más, que esté bien alta y todo comienza casi por casualidad, me pongo la música, elegida, consabida, familiar y, sencillamente, no hago nada… siento cada nota, cada frase, no pienso en nada…sólo llevo el ritmo con los dedos sobre mi pierna…es agradable porque llevo unos pantalones anchos y suaves al tacto, de esos sobre los que mola deslizar los dedos. Tamborileo mis dedos sobre ellos y llevo el ritmo, simple, no hay más.

Y es agradable…, móvil en silencio, tele apagada, sentir que casi no existo, que desaparezco del mundo, que nadie puede saber ni donde estoy ni lo que hago…sentir que me disuelvo como un azucarillo tras el piano de Einaudi o el violín de Malikian, que me rompo con las tristezas de Hansard, que floto gracias a Satie, que me acaricia la voz aterciopelada … Leer artículo completo >>>

Fuente: Tormenta