By Hada Clara

Levantó la vista y se encontró con su imagen en el espejo, era él, era Dodo. Las gotas de sangre en su cara se repartían por el lado derecho como dividiendo su rostro en dos partes. Confuso, pero tranquilo, pasó la mano por su mejilla y constató que esa sangre no era suya y que las gotas ya estaban secas. Siguió mirando su rostro intentando recordar cómo llegó, no se giró, a través del reflejo fue recorriendo la habitación, si, era su casa, el monitor de su ordenador estaba encendido y le daba un reflejo contrario…aun así se quedaba mirando la faz de ese hombre manchado de sangre en el cristal .

No recordaba cómo había llegado hasta su piso, ni de dónde venía esa sangre…pero estaba increíblemente tranquilo. Ni todos los ansiolíticos,ni antidepresivos habían conseguido esa sensación, tal vez por eso no quería girarse, para no dejar escapar esa atonía. En sus manos también había sangre. Estaba seguro que al dejar de mirarse recordaría todo y tal vez la culpa lo envolviera, tal vez se depreciara a sí mismo…lo que fuera sentiría algo si se movía , por lo que decidió no girarse, no quería saber, ni sentir…encontraba su propia paz en esa imagen.

Si, había llegado a los ansiolíticos y antidepresivos, el mundo parecía estar en su contra y esa ciudad…esa puta ciudad que no le dejaba respirar. Nada tenía sentido en lo que se llamaba vida real, tenía trabajo…una mierda de trabajo en un banco cualquiera que le obligaba a teclear números falsos el día completo. El sueldo no era gran cosa, pero podía mantenerse apartado del mundo. En cuando entraba en su “cueva”, encendía el ordenador y la red le esperaba…comenzaba entonces su verdadera vida, creaba monstruos, figuras indemnes a … Leer artículo completo >>>

Fuente: Alas Rotas

Diciembre 22nd, 2014|Alas Rotas|